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Classical music and opera by Classissima

Maurice Ravel

Monday, September 25, 2017


My Classical Notes

September 4

Love for Martha Argerich

My Classical NotesIf I were to explore statistics (I am not), I likely would determine that pianist Martha Argerich is one of the instrumentalists that I write about most frequently. And in my view that is to be expected because of her amazing abilities to make us smile! In this new recording we get to enjoy more of Martha’s gifts: Martha Argerich & Friends: Live from Lugano 2016 Bach, J S: Sonata for Violin & Harpsichord No. 4 in C minor, BWV1017, with Tedi Papavrami (violin) Martha Argerich, piano Beethoven: Fantasia for Piano, Chorus and Orchestra in C minor, Op. 8 with Martha Argerich (piano), and the Orchestra e Coro della Svizzera italiana, Diego Fasolis conducting. Berg: Chamber Concerto for Piano and Violin with 13 Wind Instruments, with Nicholas Angelich (piano ) and Renaud Capuçon, violin Brahms: Horn Trio in E flat major, Op. 40, with Nicholas Angelich (piano ) Renaud Capuçon, violin David Guerrier, horn. Busoni: Violin Concerto, Op. 35a, withRenaud Capuçon (violin), and the Orchestra della Svizzera Italiana, Alexander Vedernikov conducting Debussy: Prélude à l’après-midi d’un faune, with Stephen Kovacevich (piano) Martha Argerich, piano Falla: Danse Espagnole No. 1 (from La Vida Breve) Danse Espagnole No. 2 (from La Vida Breve) Performed by Sergio Tiempo (piano), and Karin Lechner (piano) Mozart: Sonata for 2 pianos in D major, K448, performed by Martha Argerich (piano), Sergey Babayan (piano) Nisinman: Hombre Tango, performed by Ensemble ReEncuentros Ravel: Gaspard de la Nuit, performed by Martha Argerich (piano) Piano Concerto in G major The annual Progetto Martha Argerich at the Lugano Festival, is well-established as one of the world’s most important music festivals. The latest installment of highlights from the Martha Argerich Project at the Lugano Festival, this is the 14th annual 3-CD set celebrating the musical fruits of a project in which young artists join seasoned performers, including Martha Argerich herself, to explore wide-ranging chamber music and orchestral repertoire, both well-known and rarely heard. The 15th annual festival, which ran from 7-30 June 2016, featured international soloists such as Nicholas Angelich, Stephen Kovacevich, and Renaud Capuçon as well as many of her young protégés, including Karin Lechner and Sergio Tiempo, and her daughter Lyda Chen. The festival also celebrated the occasion of Martha’s 75th birthday, and she features on many of the performances on this highlights collection, including Ravel’s Gaspard de la Nuit and Ravel’s Piano Concerto in G major. Here is Ms. Argerich in the music of Bach:

Tribuna musical

September 18

Tríos, cuartetos y quintetos por notables conjuntos: el placer de la música de cámara

Más allá de los gustos personales, creo que el melómano completo debe gustar de diversos géneros: no sólo la ópera o el ballet o la música sinfónica, sino también el género de cámara, ya sea instrumental o vocal, o incluso el recital de un solo instrumento. El panorama que sigue abarca trios para piano y cuerdas, cuartetos para piano y cuerdas, cuartetos para cuerdas y quintetos para piano y cuerdas. En todas esas combinaciones hay obras maestras. Idealmente –por algo son "de cámara"- deberían escucharse en ámbitos de cálida acústica y no muy grandes. En la práctica, suelen tocarse en salas de gran capacidad, y no hay duda de que ello les saca esa intimidad, esa introspección que necesitan para ser cabalmente apreciadas. ZUKERMAN TRIO La sala de AMIJAI es a mi juicio una de las más adecuadas, y Pinchas Zukerman tiene una relación de muchos años con ella. Un lleno total aplaudió al trío que él lidera y que también integran su esposa, la violoncelista sudafricana Amanda Forsyth, y la pianista canadiense de ascendencia china, Angela Cheng. La calidad de estos artistas es importante y muy pareja; si bien Zukerman los lidera, lo hace con una discreción que permite a cada uno expresar lo mejor de sí mismo. El violinista está casado con Forsyth, una espléndida rubia alta sudafricana que impacta con su presencia pero que además es una artista de primer nivel; nunca pierde de vista a su marido pero no hay subordinación en su sonido potente y en su fraseo intenso. Y Cheng podrá parecer opaca hasta que empieza a tocar y uno advierte su completa técnica y noble musicalidad. Zukerman desde hace años está sumergido en la música de cámara en el mejor sentido, sin divismo y con un estilo límpido lejano de su juventud poderosa y ardiente pero siempre atrayente y respetuoso de los compositores abordados. Los tres tienen una perfecta compenetración y comunican las obras con la siempre deseable unidad que este género requiere. Si bien no fueron anunciadas como primera audición, las muy gratas Ocho piezas para violín y violoncelo, Op.39, fueron una novedad para mí; escritas en 1909, son típìcas del estro romántico del ucraniano Reinhold Glière (de padre alemán y madre polaca), 1875-1956, cuya mejor obra es la imponente sinfonía programática "Ilya Murometz". Las piezas son óptima música de salón, sin pretensiones de profundidad pero de notable artesanía y encanto, y fueron admirablemente ejecutadas, Tanto el Segundo Trío de Shostakovich, que data de 1944, como el Primer trío de Schubert, Op.99, creado en 1828, el año de su muerte (aunque es luminosa y ajena al clima dramático del Cuarteto "La muerte y la doncella" o del Quinteto para cuerdas) son obras maestras esenciales. La del ruso tiene la misma originalidad que su Quinteto para piano y cuerdas, aunando solidez estructural a ideas elegíacas (como la melodía aguda en armónicos tocada por el violoncelo al principio mismo), satíricas (el Scherzo), densas y sombrías (la Passacaglia) o trágicas (esa danza judía en homenaje a las víctimas de Treblinka en el último movimiento). Las ejecuciones fueron magistrales en su penetración psicológica y fuerte transmisión del mensaje dramático en Shostakovich, y su escrupulosa articulación y pura belleza en Schubert. Fuera de programa, un inesperado regalo de Frirz Kreisler, esa divertida Marcha Vienesa raramente ejecutada. TRIO OSMANTHYS El Mozarteum presentó en el Colón el debut argentino del Trío Osmanthys, curioso nombre no explicado. Está integrado por Carolin Widmann, violín; Marie-Elisabeth Hecker, violoncelo; y Martin Helmchen, piano. Widmann había venido antes en dos ocasiones, dejando una buena impresión. Hecker y Helmchen están casados, los tres son alemanes. Han desarrollado valiosas carreras por separado y formaron este trío por razones tanto de amistad y afecto como por coincidir en los enfoques estilísticos. Iniciaron su programa con una breve obra en primera audición de Lili Boulanger, "D´un matin du printemps" ("De una mañana de primavera"), 1918, el año final de su muy corta vida (24 años). Hermana de Nadia Boulanger, la más famosa profesora de composición del siglo XX, Lili fue un talento indudable y llegó a dejar obras que Buenos Aires debería conocer, como el Pie Jesu o los tres salmos que llegó a escribir. La pieza que escuchamos resultó de un buen gusto refinado, y también existe en versión sinfónica o para flauta o violín y piano. Los dos Tríos elegidos fueron sustanciosos y cercanos en el tiempo, poderosos ejemplos de postromanticismo: el Nº 2 de Brahms, 1882, y el Nº4, "Dumky", de Dvorák, 1891. La obra brahmsiana ya es de su arte maduro, contemporánea de las espléndidas Oberturas (Trágica y Festival Académico). Concentrada y densa en sus materiales, sus movimientos están notablemente estructurados, con múltiples hallazgos de armonía y forma en sus 36 minutos. De duración similar, el Trío "Dumky" es una adaptación al temperamento checo de la "dumka" ucraniana, balada épica que pasa de menor a mayor y de lento a rápido; Dvorák construye la partitura en seis movimientos, cada uno de ellos una dumka, y es admirable tanto la belleza melódica como la explosión de júbilo en cada fragmento rápido. Casi parece, como en las rapsodias húngaras, el paso del lassu lento al friss rápido, pero en la dumka en vez de AB es ABABA, ya que alterna varias veces. El rendimiento del Osmanthys fue siempre positivo, aunque en este caso el liderazgo del pianista fue claro: Helmchen tiene un sonido lleno y amplio y un fraseo prácticamente infalible. Las damas ciertamente tocan muy bien pero no alcanzan la fuerza y el volumen como para emparejarse con el teclado; sin embargo, la musicalidad y el rapport son evidentes y da gusto escuchar una obra de cámara ejecutada con tanto ajuste y afinidad. Y en las Dumky lograron un sentimiento de espontaneidad y entusiasmo que se transmitió al público. Curiosamente, ellos también ejecutaron como extra la Marcha Vienesa de Kreisler. AMERICAN STRING QUARTET Siguiendo la buena racha que se inició con Schiff en Bach, Nuova Harmonia presentó en el Coliseo el American String Quartet, que cumple su temporada Nº 41 pero creo que no vino antes aquí. Naturalmente que los actuales no son los mismos integrantes que al principio, pero demostraron ser instrumentistas de alto rango y aguda comprensión musical. Y como están viniendo muy pocos cuartetos internacionales, el concierto cubrió una apremiante necesidad, ya que el cuarteto de cuerdas es la forma más prístina de la música de cámara y la de mayor repertorio. Tal como vinieron estuvo integrado por Peter Winograd (primer violín), Laurie Carney (segundo violín), Daniel Avshalomov (viola) y Wolfram Koessel (violoncelo). Lástima que no haya datos biográficos específicos, pero cabe señalar que salvo Carney los apellidos no suenan muy americanos. Podría haber extranjeros que se nacionalizaron en Estados Unidos. Sea como fuere, no es un cuarteto joven sino maduro, y todos tocaron con un fuerte profesionalismo. El comienzo no fue tan bueno como el resto del programa: el Cuarteto Op.18 Nº6 de Beethoven se inició nervioso y tenso, pero fue llegando a una buena versión gradualmente hasta llegar a un movimiento final en el que "La malinconia" cedió el paso a la música alegre; en la coda retorna la melancolía pero es vencida por un jubiloso cierre. El extraordinario Octavo cuarteto de Shostakovich es de lejos el que más se toca, aunque varios otros son también de gran interés, porque resulta no sólo autobiográfico sino que su contenido es una sutil protesta contra la guerra. Varias melodías suyas son citadas, sobre todo una bien conocida de su Primera sinfonía, y además está un motivo de cuatro notas sobre las letras iniciales de su apellido que domina toda la obra; hay un salvaje Scherzo, y luego un tema lento está cortado varias veces por violentos acordes, dos movimientos Largo finalizan una obra desencantada pero de gran atractivo. Aquí el Cuarteto se lució, con gran dominio técnico más un nivel de involucramiento que creó un clima magnético. La autoridad controlada y firme de Winograd, la calidez de Carney (única dama), la personalidad indudable del violista y del violoncelista, se amalgamaron para una visión real y potente de la angustia del compositor. Tras el intervalo supieron adaptarse al mundo iridiscente de Ravel en su único Cuarteto, perfecto complemento del de Debussy. En realidad es aún más elaborado, con admirables destellos imaginativos de texturas, colores y ritmos. Los artistas estuvieron aquí en un muy alto nivel tanto individualmente o como grupo cohesionado. La pieza extra fue introspectiva, lejana de cualquier virtuosismo vacuo: la Cavatina del Cuarteto Nº14, op.130, de Beethoven. Fue un buen ejemplo de seriedad profesional de los intérpretes. CUARTETO MANUEL DE FALLA DE MADRID Con este nombre y procediendo de Madrid, parecería ser un conjunto español, pero está formado por tres argentinos que viven en ese país y uno nacido allí. Iván Cítera está entre nuestros mejores pianistas y se lo extraña, ya que nos visita rara vez. Formado por Poldi Mildner y Antonio De Raco y luego perfeccionado en Katowice, Frankfurt y Mainz, influido por clases con Sancan, Magaloff y Celibidache, Cítera llevó una doble carrera como intérprete y notable docente. Actualmente enseña en dos instituciones madrileñas: Universidad Alfonso X el Sabio y Academia International Forum Musicae. Ricardo Sciammarella, violoncelista, es hijo de Valdo, valioso compositor y director de coros; ha actuado varias veces en nuestra ciudad como solista con orquesta u ofreciendo recitales; también es director de orquesta. Ha sido docente aquí y actualmente lo es en el Centro Superior de Música del País Vasco. Por su parte, el violista Alan Kovacs, formado por Ljerko Spiller, estudió luego en Colonia y con el Cuarteto Amadeus. Activo en La Plata como cuartetista o como viola solista, desde 1991 a 1999 fue viola solista de la Sinfónica de Madrid. Es docente en las mismas instituciones que Cítera. Finalmente, Alfredo García Serrano (único nombre nuevo para mí), violinista, estudió en Madrid y luego en la Universidad de Indiana; también él es docente en los mismos lugares que Kovacs y Cítera. Es concertista solista e integra diversos grupos de cámara. Están todos unidos por la amistad y el amor a la música y fue una excelente idea incorporarlos a los Conciertos del Mediodía del Mozarteum. Cambiaron el programa a último momento, y así el Segundo Cuarteto para piano y cuerdas de Mozart fue sustituido por el Primero, y el Cuarteto Op.47 de Schumann por el Primero de Brahms. Curiosamente ambos están en sol menor, y los antes previstos en Mi bemol mayor; o sea que pasamos de obras más bien jubilosas a otras ligadas a lo dramático e intenso. Pero en ambos casos, magnífica música tan bien construida como atrayente en su material. Y en el caso de Brahms, culmina con un famoso Rondó alla Zingarese de contagioso brío y espíritu positivo (cómo olvidar, tratándose del Mozarteum, al Cuarteto Beethoven, que tantas veces nos visitó y para quienes este cuarteto era una "pièce de résistance"). Y en cuanto a Mozart, recordar que mientras lo escribía en Viena en plena madurez, un adolescente Beethoven creaba sus tres cuartetos para piano y cuerdas en Bonn; fueron los primeros en imaginar esta textura de piano y cuerdas. Cítera fue en todo momento la figura descollante, magisterial, por la perfección de su técnica y su infalible sentido del fraseo; un sonido noble y amplio puesto al servicio del compositor. Los tres ejecutantes de cuerda son sin duda profesionales de categoría, pero sin la garra de los elegidos. Sin embargo, el todo fue mayor que la suma de las partes y el balance final resultó muy grato. QUINTETO ARTE También en los Conciertos del Mediodía, se pudo apreciar al Quinteto Arte en dos partituras esenciales de este género que combina al piano con el cuarteto de cuerdas: el Segundo Quinteto de Dvorák y el de Schumann. Lograron conservar la concentración y la calma mientras en la platea escuchábamos con regularidad las bombas que tiraban manifestantes en Corrientes, claro signo de la agresividad corrosiva de una pequeña minoría no controlada (para no ser acusados de represión…). El concierto fue bastante bueno sin llegar a convencer plenamente. Aquí también la figura dominante fue la muy experimentada pianista María Cristina Filoso, en notable nivel técnico y comprensión de los estilos. El violoncelista Siro Bellisomi fue el que mostró mayor calidad tímbrica; es integrante fundador del Trío Williams. El tejano Scott Moore resulta un correcto violista de sonido algo seco pero bien afinado. El primer violín, Oleg Pishenin (concertino de la Orquesta Estable del Colón), es a veces demasiado incisivo aunque da énfasis a los momentos culminantes. Y el entrerriano David Coudenhove, miembro de la Estable y antes de la Sinfónica Nacional, un buen elemento a veces demasiado remiso, se integra bien en el conjunto. El tan melódico como brioso Quinteto de Dvorák vuelve a demostrar que es el único postromántico que puede medirse con Brahms, de quien era admirador y amigo. Y el de Schumann es sin duda su mejor obra de cámara en cuanto a material y realización. Nada nuevo en esta mezcla, pero cuánta belleza.Pablo Bardin




Tribuna musical

August 29

Schiff y Bunatishvili: maestría absoluta versus virtuosismo puro

Pocas veces hubo en una semana contraste tan grande en el arte de la ejecución pianística como los conciertos de Khatya Buniatishvili y András Schiff. Ella hizo su debut en Buenos Aires en la grata acústica de AMIJAI con un programa de extremo virtuosismo; él llevó el ciclo de Nuova Harmonia a lo que posiblemente sea el punto más alto de la temporada de esta asociación tocando el Primer Cuaderno de "El clave bien temperado" de Johann Sebastian Bach en el Colón. La pianista georgiana es toda nervio y electricidad, capaz de proezas técnicas asombrosas (velocidad, octavas, poderosos acordes) pero también de distorsiones estilísticas memorables. Se tienen tantos parámetros extraordinarios para los Chopin que eligió (Baladas Nos. 1 y 4, Polonesa "Heroica") que uno no puede menos que comparar mentalmente, sobre todo siguiendo las partituras (cosa que hago siempre que puedo). Y me encontré con aceleraciones no marcadas, pasajes donde su ataque era feroz, alternando con momentos expresivos de bello "toucher" y largas cadenas de figuraciones difíciles perfectamente ejecutadas. Su carrera ha sido meteórica y ha colaborado con grandes directores y orquestas, pero siendo tan arbitraria no debe ser cosa fácil acompañarla. Previsiblemente estuvo más a sus anchas en Liszt, pero fue sintomático que donde menos convenció fue en ese espléndido Vals Mefisto, a la vez de ejecución trascendental y de enorme vuelo creativo; la interpretación taquicárdica me hizo añorar el equilibrio de Nelson Goerner, que daba su justo valor tanto al elemento narrativo como al despliegue virtuoso. Luego del intervalo acometió esas "Reminiscencias de ´Don Juan´" en la que tres elementos fundamentales se alternan: la fantasmagórica aparición del Convidado de Piedra, las variaciones sobre "Là ci darem la mano" (extensas y ocurrentes) y una saltarina "Canción báquica": todo ello mucho más lisztiano que mozartiano en su exagerada acumulación de oropeles, claramente un vehículo para el grandísimo virtuoso que era el compositor pero sin embargo atrayente en su imaginación armónica y garra descriptiva. Ella sin duda impresionó en esta obra, pero me quedo con la vieja grabación de Simon Barere, y recuerdo la estupenda ejecución de Argerich y Barenboim del arreglo para dos pianos. La muy amplia Rapsodia española es un ejemplo máximo de un Liszt interesado en la exploración de recursos de mecanismo pero no en la sustancia de las ideas; aquí la pianista estuvo a sus anchas ejecutando vertiginosamente páginas casi imposibles y dando un rotundo volumen a ciertos pasajes; sin embargo, uno escuchaba a artistas como Jorge Bolet, Alfred Brendel o Louis Kentner y ellos lograban dar cierta nobleza y control a los pasajes más banales; con Buniatishvili sentí una vocación exhibicionista indudable. Con todo, hay un valor en la perfección técnica "per se" y no hay duda que aquí deslumbró. Confieso que el arreglo de Horowitz de la celebérrima Rapsodia Nº2 no me atrae, lo encuentro excéntrico y demasiado disonante para el estilo lisztiano; me quedo con el original y en una interpretación como la de la húngara Edith Farnadi, que entendía perfectamente el sentimiento del "lassu" lento, intenso, muy interrumpido en fragmentos, de rubato muy marcado, contrastado con la rápida y danzable czardas. Pero en fin, esta pieza me devuelve a la infancia y sigo viendo en mi memoria el genial dibujo de Tom y Jerry "Concertista desconcertado". Esto dicho, Buniatishvili volvió a demostrar una energía sin fisuras. Extrañas piezas extras: los tres últimos minutos de "La Valse" de Ravel, cuyo original para la orquesta me resonaba en los oídos: un frenesí explosivo y expresionista. Y esa música de John Williams para "La lista de Schindler" que toma como punto de partida el movimiento lento de la Sonata "Claro de luna" de Beethoven adosándole una triste y evocativa melodía. Lástima grande que la tercera visita de pianistas femeninas haya sido cancelada en AMIJAI: nos hubiera traído el debut de la rusa Svetlana Smolina en un muy variado y arduo programa que incluía obras como la Cuarta sonata de Scriabin e "Islamey" de Balakirev. No oculto a los lectores que la atracción del auditorio-sinagoga , aparte de ser un recinto magnífico para escuchar música, es que está en un entorno gastronómico asiático tan variado que preludia un final de fiesta después del concierto. Las anteriores visitas de András Schiff dejaron en claro los motivos de su gran fama europea: cada interpretación fue presentada con un mecanismo de seguridad tan absoluta que sus ideas con respecto a la música resultaron meridianas para el espectador-oyente. Y más allá de algún caso controversial (para mí, la Sonata "Claro de luna" de Beethoven), la impresión fue siempre la de encontrarse con un maestro completo, de una vida interior extraordinaria que lograba comunicarse sin alarde y sin divismo, siempre sobrio en lo gestual y concentrado al máximo. Imperó la obra, como debe ser. Y así lo entendió el público, que escuchó en absoluto silencio y lo aplaudió sin reticencias, antes y ahora. Es bien conocida su inmersión total en el mundo bachiano. Mi buen amigo Carlos Singer tuvo el privilegio de escucharlo en Madrid en muy extensos programas de impecable desarrollo. Por mi parte, en base a lo experimentado en el concierto que comento, no me cabe duda de que he tenido el privilegio de apreciar en vivo a los dos mejores adalides y defensores del Bach para piano; naturalmente, Rosalyn Tureck es el otro parámetro. Y si bien tengo gran respeto por Barenboim, creo que las pautas manejadas por Schiff responden más fielmente al espíritu bachiano. Debo decirlo con claridad: creo que el instrumento que mejor responde a ese espíritu es el clave, y me gustaría mucho escuchar a un gran clavecinista en el Museo de Arte Decorativo, pero no quisiera que ello ocurra en el Colón, donde sólo con una poderosa amplificación podría escucharse. En cuanto al clavicordio, a los diez metros ya no se escucha. Y no la siento como música para órgano. No está de más afirmar que la traducción castellana es errónea: debería decir "el teclado bien temperado". Y explicar que "bien temperado" significa que cada semitono de los doce de la escala debe tener exactamente la misma cantidad de ciclos por segundo, y que en realidad es una adaptación artificial, ya que hay mínimas pero existentes diferencias entre cada semitono. También vale afirmar que esta obra teórica en manos de verdaderos artistas es viable como música de concierto. Y por último, que por primera vez en la historia un compositor escribe en las 24 tonalidades, algunas de ellas nunca utilizadas antes (las más complejas, con muchos bemoles o sostenidos). Escuchando estos 24 preludios y fugas con toda la atención que exigen y merecen, asombra no sólo la soberana inteligencia y maestría sino la penetrante belleza de tantas de ellas, admitiendo que alguna que otra puede resultar algo farragosa (fuga lenta a cinco voces, p.ej,). Pero qué fresca imaginación improvisatoria en los tan variados preludios, y qué geniales innovaciones en las mejores fugas de la historia (si se exceptúa las de "El Arte de la Fuga" o las del segundo cuaderno de "El Clave bien temperado"! Y la ejecución de Schiff, sin intervalo (1 h 50´), tuvo una continuidad hipnótica sin fisuras, con escaso uso del pedal y perfecta articulación a cualquier velocidad. Con toda honestidad, debo decir que soy diabético y tuve que abandonar la sala durante el Nº 22 por una hipoglucemia, pronto subsanada por azúcar provisto por cortés personal del Colón. Ya en el 23, para no molestar a los plateístas, me sentaron en un palco libre, en un gesto que mucho aprecio. Dos piezas extras prolongaron la magia: el primer movimiento del Concierto Italiano y el Aria de las Variaciones Goldberg. Un concierto memorable: a los 64 años Schiff está en la plenitud de su arte, puro como ninguno. Y qué milagro: todos los críticos estuvimos básicamente de acuerdo.Pablo Bardin



Classical iconoclast

August 15

Bubbling brew : Turnage Hibiki, Prom Ravel Debussy Kazushi Ono

Mark-Anthony Turnage Hibiki (2014) at the BBC Proms, with Kazushi Ono and the BBC SO, Sally Matthews, Mihoko Fujimura, the New London Children's Choir and the Finchley Music Group, preceded by Debussy and Ravel Piano Concerto in G major with Inon Barnatan, so beautifully played that even someone like me, more into voice and orchestra, could throroughly enjoy. . Ono conducted the premiere of Turnage's Hibiki in Tokyo in December 2016 with the Tokyo Metropolitan Symphony Orchestra of which is is Music Director.  Hibiki is a substantial work for large orchestra, two soloists and childrens' choir. According to the publishers Boosey & Hawkes, it "offers consolation after loss – whether from war, earthquake or tsunami". That's a tall order, almost impossible to fulfill.  Consolation is trivial band aid in the face of such extreme horror.   It's meaningless unless we reflect on the causes of catastrophe and resolve that such things should never, as far as possible, happen again. Numerous Japanese writers, composers, film makers and artists have reflected and examined the issues arising from war and nuclear annihilation.  Indeed, you probably can't be an East Asian  intellectual and not ponder 150 years of war and traumatic social change, not only in Japan but in China and the rest of Asia.  Masao Ohki's Hiroshima Symphony, written only 7 years after the bombs fell, is graphically descriptive (read more here) . Ikuma Dan's Hiroshima Symphony (1985) is even more sophisticated.  It's an important piece of world significance. Please read more here) There's no reason why western composers shouldn't engage with these subjects. We're all part of humanity.  But it's difficult to approach specifically Japanese aspects without an understanding of the cultural, social and historical background.  Mark-Anthony Turnage is good on music with social conscience. Once I got over the shock value of Anna Nicole, I grew to love its insights into consumer obsessed society and the degradation of those who buy into the scam. Read more HERE  But Anna Nicole is a western icon, and Turnage likes Americana. That doesn't necessarily mean he can't write about other cultures, but I'm not sure how to take Hibiki. Does it penetrate much beneath the surface ? Is it enough to address the many long term implications of Fukushima simply by repeating the name over and over ? I'm no composer but I'd rather that the music itself spoke, not the words.  No disrespect to Turnage. Benjamin Britten's Sinfonia da Requiem had so little to do with Japan that he really should not have compromised himself by taking the money.  It would probably take a Beethoven or Bach to write something truly transcendant. "Consolation" isn't enough. Kazushi Ono did Turnage's Hibiki more than justice. From the BBCSO he drew some very committed playing. They don't do as much Turnage as they should and this is a bit more than typical Turnage, so all honours to them.  Hibiki unfolds over seven sections, like a postcard book..  But Hiroshima and Nagasaki didn't actually lead to Tohoku or the Tsumai or to Fukushima.  Natural disasters aren't man made or specific to any one country.  Nuclear power on its own isn't evil, it's misused and abused. As anyone who's ever watched Japanese movies should know.  See my piece on Godzilla and the Tsunami,  The seven parts together don't cohere. This weakens the impact of the whole and undercuts the claim that it's an act of consolation.  Wisely, Ono marked the breaks with long silences, so each section can be heard alone, without a thread.  Unfortunately, this year's Proms audiences are obsessed with clapping any chance they get. They don't care enough about music to pay attention and listen. The first two sections are named after Iwate and Miyaga, two of the areas hit by the 2011 Tsunami.  Blocks of sound bubble in the first movement, in jerky ostinato with nice jazzy trumpet calls, high pitched winds and swathes of strings. Oddly cheerful ! A long ominous wail marks the start of the second section, suggesting perhaps the flow of the waves rolling onto land. No-one will ever forget the footage caught on film or the frightening silence, broken only by crushing debris.  The timpani pound, brasses wail and the orchestra plays a long line of multiple fragments and layers.  Fearsome growls and the sound of a bell.   There certainly is scope for a piece in which music could translate the idea of multiple fragments and layers of density, flowing and churning in different sequence, but Turnage can't develop the concept in the space of a few minutes.   . The third section "Running" represents a poem "Mother Burning" by Sou Sakon which describes the poet running from flames. But the mother, foillowing behind, is engulfed.  Rapid fragments of words and sound, the two soloists singing lines that intersect rather than connect.  Turnage's thing for percussion and screaming brass used to good effect, the vocal lines more choppily employed : but that;s what happens when you're running for your life and can't take long breaths.  The childrens choirs sing an adaptation of a Japanese children's song similar to "Twinkle, twinkle Little Star" Thee English accents of the young singers, singing in Japanese, add a surreal touch, more poignant than if they were singing in a language they'd normally speak.  The melody is taken up by the mezzo, Mihoku Fujimura, a much welcome regular visitor to the UK.  Suntory Dance , the central movement, makes a striking diversion from the threnodies before and after.  It's also the best section, so good that it could act as a stand alone concert piece.  Here, Turnage's facility for strong brass and percussion comes to the fore : quirky, wayward rhythms, angular blocks and more busy, bubbling figures from which the idea of "dance" might come.  I don't know why "Suntory", which is the name of the concert hall and of the company that financed it.  They brew alcohol, and one of their big brands is named Hibiki, "Japanese Harmony". The piece is so lively that it could be an  anthem for the company, used in encores and social occasions. So much for the BBC translation that Hibiki just  "beautiful sound". After this interlude, darkness returns. Brooding timpani and moaning brass, string lines shining with metallic edge. Lovely woodwind passages: Fujimura sings lines from texts from Monzaemon Chikamatsu’s The Love Suicides at Sonezaki, a  Bunraku drama from 1703. it's such a classic that it's been adapted for cinema , its tale of doomed love a recurrent meme, though what connection this has to Hiroshima or to the Tsunami, I don't know.  Much has been made in the publicity material for Tyurnage;'s Hibiki about the Mahler connection, but frankly I cannot hear any resemblance. Das Lied von der Erde,.  But the real subject of Das Lied von der Erde is Mahler himself, and his metaphysics  The orientalism in that piece reflects the original poems Mahler used and adapted for his own purposes. And in any case, they weren't Japanese but Chinese.  No doubt much will be made of this in the media by those who don't really know Das Lied von der Erde.  Double dose cultural appropriation. The final section, for orchestra and children's voices, is swirling abstraction, the word "Fukushima" repeated, almost mechanically.  Turnage's Hibiki is good listening but it  doesn't really hold together. The parts are greater than the sum, aside from the vivacious Suntory Dance.   It's not nearly near the level of Turnage's Remembering : in memoriam Evan Scofield, a work of genuine sincerity. (Read more about that HERE)

Maurice Ravel
(1875 – 1937)

Maurice Ravel (March 7, 1875 – December 28, 1937) was a French composer of Impressionist music known especially for his melodies, orchestral and instrumental textures and effects. Much of his piano music, chamber music, vocal music and orchestral music has entered the standard concert repertoire. Ravel's piano compositions, such as Jeux d'eau, Miroirs, Le tombeau de Couperin and Gaspard de la nuit, demand considerable virtuosity from the performer, and his orchestral music, including Daphnis et Chloé and his arrangement of Modest Mussorgsky's Pictures at an Exhibition, uses a variety of sound and instrumentation. Ravel is perhaps known best for his orchestral work Boléro (1928), which he considered trivial and once described as "a piece for orchestra without music."



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